Asistido con IA
Introducción: El malestar de los lunes y la mentira de la meritocracia
Suena la alarma un lunes por la mañana. Sientes ese peso en los hombros, un agobio que va mucho más allá del cansancio físico. Es un cansancio nervioso, mental, que te desgasta antes de haber puesto un pie en el trabajo. Te han dicho mil veces que si te esfuerzas lo suficiente, si eres productivo y "te pones la camiseta", lograrás el éxito. Sin embargo, la realidad es una cinta de correr que nunca se detiene: por muchas comodidades que alcances, persiste una sensación de sinsentido, de que algo no encaja.
El discurso dominante nos dice que si estás estresado, si no llegas a fin de mes, si tu trabajo te exprime, la culpa es tuya. Es el gran truco de la meritocracia: individualizar el sufrimiento. Si fracasas, es porque no te capacitaste lo suficiente, porque te falta "actitud". Este diagnóstico no solo es falso, sino que es violento: te obliga a buscar respuestas individuales (autoayuda, medicación) para un malestar que es estructural y colectivo.
Lo que sientes los lunes no es un problema personal. Es el síntoma de que tu vida está sometida a un estado objetivo de enajenación: tus propias creaciones, tus horas de trabajo, las instituciones que deberían estar a tu servicio, se han independizado de ti y te dominan como fuerzas hostiles. Para entender este malestar de raíz, necesitamos recuperar una herramienta teórica que la academia ha intentado sepultar: la lucha de clases. Pero no la caricatura de los manuales soviéticos, sino una versión rediseñada desde el marxismo hegeliano, la única capaz de descifrar la complejidad de nuestra opresión en el siglo XXI.
¿Qué es realmente una "clase social"?
La sociología convencional nos ha acostumbrado a pensar la sociedad en términos de "estratificación social". Nos dividen en "clase baja", "clase media", "clase alta", basándose en variables como el nivel de ingresos, el título universitario o la capacidad de consumo. Bajo esta mirada, pertenecer a una clase u otra depende de cuánto dinero tienes en el bolsillo.
Desde el marxismo hegeliano, esta clasificación es un espejismo. La estratificación social es útil para el marketing o las políticas públicas, pero es ciega ante el poder. Para nosotros, las clases sociales no son colecciones estáticas de individuos, sino sujetos históricos que se constituyen en torno a una relación material fundamental: la explotación.
La diferencia es radical:
- Estratificación: Clasifica a todos según ingresos o edad. Es exhaustiva pero superficial.
- Análisis de clase: Clasifica según la participación en la explotación. No es exhaustiva (niños, jubilados o desempleados no pertenecen formalmente a una clase, aunque sufran el sistema), pero revela las estructuras profundas del poder.
Pertenecer a una clase no depende de tus gustos de consumo, sino del lugar que ocupas en la División Social del Trabajo (es decir, quién manda y quién obedece en la producción, quién decide lo que se produce y cómo se distribuye) y de tu relación con los medios de producción. La lucha de clases no es un enfrentamiento moral entre "buenos y malos", sino un antagonismo estructural donde la valorización de una clase exige la desvalorización de la otra.
La relación es anterior a los términos: la explotación como matriz constituyente
Uno de los aportes más revolucionarios de la lógica hegeliana es que la relación es anterior y más real que los términos que conecta. En el sentido común, se asume que primero existen los individuos (con una supuesta "naturaleza humana") y luego se relacionan o se explotan en el mercado.
El marxismo hegeliano invierte esta premisa. No existen "burgueses" y "proletarios" como sujetos previos que luego entran en conflicto. Lo que existe, como hecho material y objetivo, es el proceso de la explotación (la apropiación desigual del valor creado por el trabajo ajeno). Es esta relación de explotación la que, de manera correlativa y simultánea, produce y constituye a los sujetos de la contradicción: la burguesía y el proletariado.
"Lo que ocurre no es que haya una clase, la burguesía, que explota a otra, el proletariado. Lo que ocurre es el hecho material de la explotación, y es sólo desde él que llega a haber, de manera correlativa, burguesía y proletariado. El fin de la burguesía será también, por tanto, el fin del proletariado."
Esta distinción es crucial: la clase social no se define por un rasgo empírico (ingresos, vestimenta, educación), sino por la operación efectiva de la explotación.
El enemigo dual: burguesía y burocracia
La izquierda tradicional sigue buscando al enemigo únicamente en la figura del burgués clásico: el dueño de la fábrica. Pero en el capitalismo postfordista, el poder se ha vuelto más complejo. Hoy nos enfrentamos a un bloque de clases dominante dual, compuesto por la burguesía y la burocracia.
Este es uno de los aportes más rupturistas de Carlos Pérez Soto:
- La Burguesía: Explota a través de la propiedad privada de los medios de producción y la extracción de plusvalía. Su legitimación es la propiedad.
- La Burocracia: Es una clase social que domina la división social del trabajo mediante el control de la organización y la gestión. Su legitimación es la "pretensión de saber" (certificaciones, experticias tecnocráticas, gestión del capital). Son los gestores, privados o públicos, del capital. Sus salarios exceden con creces el costo de reproducción de su fuerza de trabajo.
El accionista "puro" compra y vende papeles en la Bolsa sin saber cómo funciona la empresa; el control real lo ejerce una enorme capa de gerentes, tecnócratas y expertos. Asistimos a una mercantilización del saber: las comunidades académicas, los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial) y las tecnoestructuras corporativas dictan la política económica de los Estados y actúan como tribunales del conocimiento, dictaminando cómo debemos vivir, educar o trabajar.
Por lo tanto, la lucha de clases contemporánea es triangular: los productores directos deben combatir simultáneamente contra el gran capital industrial y financiero y contra la alta burocracia estatal y privada.
¿Por qué no basta con el diálogo? Enajenación y violencia estructural
¿Por qué las clases dominantes nos explotan? ¿Es ignorancia, maldad moral o intereses económicos? El marxismo hegeliano distingue tres conceptos que la izquierda tradicional suele confundir:
| Concepto | ¿Sabe el sujeto la verdad? | ¿Hay interés implicado? | ¿Es posible el diálogo? |
|---|---|---|---|
| Error | No, está equivocado | No | Sí, es el terreno del diálogo racional |
| Mentira | Sí, pero dice lo contrario | Sí, motiva a falsear | Difícil, pero viable |
| Enajenación | No, y tiene impedimento existencial para saberlo | Sí, vital y profundo | No. Requiere transformación material |
La enajenación no tiene que ver con lo que la gente piensa, sino con lo que hace en su contexto material. El explotador racionaliza su dominio de manera que da viabilidad a su existencia. Su discurso es coherente con su posición existencial. En la enajenación, la verdad está dividida: existen dos verdades contrapuestas e irreconciliables (la del explotador y la del explotado). Como ambas comprometen la existencia de quienes las sostienen, el diálogo racional entre clases es imposible cuando se discuten los temas fundamentales.
Por eso, el Estado de Derecho no es un espacio neutral de justicia, sino el espíritu de la clase dominante proyectado como legitimación. Consagra en su núcleo inviolable la propiedad privada y el trabajo asalariado. Lo que las clases dominantes llaman "paz" no es más que la institucionalización cotidiana de su violencia (precariedad, salarios bajos, colapso de la salud pública, privatización de la enseñanza...). Cuando el movimiento popular presiona sobre esos núcleos, sobre la propiedad privada y el trabajo asalariado, la burguesía abandona el Estado de Derecho y desata la violencia física directa.
Dominación en red: ¿Cómo ejercen el poder hoy?
Pero, ¿cómo ejercen este dominio la burguesía y la burocracia en la actualidad? La respuesta es la dominación en red. A diferencia de los modelos verticales clásicos (como el fordismo), que requerían aplanar y homogeneizar la sociedad para dominar, este nuevo poder opera de manera distribuida, flexible e interactiva.
Sus rasgos fundamentales son:
- Administración de la diversidad: El poder contemporáneo no busca la homogeneidad; domina produciendo, tolerando y gestionando la diversidad. Bajo este esquema, lo singular o la transgresión en los márgenes ya no se oponen directamente a lo global, sino que resultan integrables y funcionales al sistema.
- Un centro móvil de segundo orden: Este dominio carece de un centro geográfico visible. Actúa como una "función móvil" que coordina y subordina las autonomías locales para asegurar un usufructo global y desigual.
- Resiliencia al fallo (Tiempo vacío global igual a cero): La red se organiza en módulos descentralizados que compiten entre sí. Si un nodo o trabajador individual falla, la red global lo esquiva recurriendo a rutas alternativas y sigue funcionando, privatizando el costo del colapso y traspasándolo íntegramente al individuo.
- Tolerancia represiva: La dominación se ejerce de manera persuasiva, utilizando la cooptación como mecanismo de legitimación. Las resistencias que se limitan al borde local corren el riesgo de convertirse en un reformismo funcional que termina confirmando el orden común.
Ejemplos prácticos de la dominación en red
1. El sistema de subcontratación y "clientelismo" empresarial
Bajo la dominación en red, las multinacionales fragmentan la producción en una red global de pequeños proveedores que compiten ferozmente. El gran capital no necesita vigilar directamente a los trabajadores; simplemente impone metas. Si un taller local decide organizarse en un sindicato, la red global simplemente "esquiva" ese nodo, desvía el pedido a otro subcontratista en otro lugar, quizá en otra parte del mundo y sigue funcionando. Los pequeños empresarios y sus trabajadores quedan atrapados en un vasallaje subjetivo, aceptando sumisamente condiciones abusivas por miedo a ser desconectados de la red.
2. El "Espíritu Toyota" y la privatización del colapso subjetivo
En la dominación en red, el control penetra directamente en la psicología del trabajador. Las empresas exigen que "te comprometas subjetivamente", que seas proactivo y empático. Tu mente se convierte en un recurso de producción. Esta colonización de la subjetividad genera un desgaste mental invisible (estrés, burnout). Cuando el trabajador colapsa, la red global no se detiene; simplemente lo reemplaza. El gigantesco costo de salud mental del sistema es privatizado y cae exclusivamente sobre el individuo.
3. Las plataformas digitales (Uber, Rappi, Cabify)
Es el ejemplo nítido de la economía digital. El trabajador siente que tiene el control de su tiempo (poder de primer orden). Sin embargo, un algoritmo invisible determina las tarifas, las rutas y evalúa el comportamiento. Si el algoritmo detecta una "mala actitud", desactiva la cuenta unilateralmente. El trabajador está aislado, no puede formar un sindicato con otros "socios" distribuidos y queda sometido a una patronal virtual que administra las condiciones globales desde las alturas (poder de segundo orden).
¿Cómo se lucha hoy? La Gran Izquierda en red
Si el diagnóstico del enemigo es dual y la dominación se ejerce de manera sutil, las viejas formas de hacer política están obsoletas. El modelo del partido de vanguardia, centralizado y jerárquico, fue concebido para una época de producción fordista. La historia ha demostrado que cuando esta vanguardia toma el poder, termina suplantando al pueblo y convirtiéndose en la nueva dictadura burocrática.
Hoy, las fuerzas productivas operan en red. Un poder en red solo puede ser subvertido oponiéndose en red. El marxismo hegeliano propone la articulación de una Gran Izquierda organizada en red:
- No es un partido único con una "línea política correcta".
- Es un espacio plural, diverso y horizontal, donde convivan colectivos marxistas, feministas radicales, ecologistas anticapitalistas, movimientos indígenas y trabajadores precarizados.
- Cada nodo da sus luchas locales de manera autónoma, pero todos cooperan bajo un "espíritu común" anticapitalista y antiburocrático.
Esta práctica política supera la estéril dicotomía entre reforma y revolución. Todo revolucionario debe ser reformista en lo local (peleando por el salario, el medio ambiente, la vivienda) e inscribir cada demanda parcial dentro de un horizonte estratégico común: el fin definitivo de la sociedad de clases.
Violencia de masas frente a violencia silenciosa
Llegamos al tema más espinoso: la violencia. Las clases dominantes han colonizado el sentido común para que llamemos "paz" a la violencia silenciosa y cotidiana. Pero la realidad es que el Estado de Derecho actual es violencia institucionalizada. La precariedad laboral, las pensiones de hambre, la destrucción de la educación y la salud pública, la especulación con la vivienda... todo eso es violencia.
Ante esta violencia estructural, los oprimidos tenemos un legítimo derecho a la violencia revolucionaria en defensa propia. Pero debemos trazar una frontera ética entre dos formas de violencia:
- Violencia vanguardista (terrorismo): Planificada por una minoría a espaldas del pueblo. Busca la represalia o acciones "ejemplarizadoras". Genera desconfianza y sirve de pretexto para la represión estatal. Cuando triunfa, deviene en dictadura burocrática.
- Violencia de masas (revolucionaria): Ejecutada de manera colectiva y democrática por el movimiento popular. Se expresa en la huelga general, la protesta ciudadana, la movilización multitudinaria. Suma voluntades, genera solidaridad y paraliza materialmente el capital. Es un acto de justicia, no de venganza.
Incluso en los momentos de confrontación más aguda, la violencia revolucionaria debe regirse por un horizonte universalista: no luchamos para exterminar personas, sino para abolir las funciones sociales que los convierten en explotadores.
Conclusión: El horizonte de las 10 horas semanales
¿Cuál es la meta final? No es una utopía de felicidad homogénea. El comunismo, planteado de manera materialista, es simplemente una sociedad en la que se ha acabado la lucha de clases porque se ha superado la división social del trabajo.
Hoy, gracias a la inmensa productividad tecnológica y la automatización, ya vivimos en un mundo de abundancia material. Que tengamos que trabajar 40 o 45 horas semanales no es un destino natural; es una decisión política de las clases dominantes para seguir acumulando poder y riqueza y para mantenernos disciplinados.
El programa estratégico es perfectamente realizable:
- Reducir radicalmente la jornada laboral a 5 o 10 horas semanales, manteniendo los salarios a costa de la plusvalía que hoy se apropian las grandes corporaciones, la banca y la alta burocracia.
- Desmercantilizar los servicios esenciales: Sacar la salud, la educación, la vivienda y la cultura del mercado. Deben ser derechos humanos de provisión universal y gratuita.
- Desconcentración radical: Promover la autonomía alimentaria y energética de las comunidades, reduciendo el Estado centralizado y devolviendo la soberanía vital a las personas.
No luchamos simplemente por un aumento de sueldo o por reformas que hagan más cómoda nuestra esclavitud asalariada. Luchamos por recuperar el tiempo de nuestras vidas, por nuestra libertad, por la verdad y por la belleza. Luchamos, sencillamente, para superar la división social del trabajo y acabar con la lucha de clases, responsable de tantas violencias estructurales e injusticias.
Próximos pasos y debate, es decir, temas tratados y temas que podemos tratar si interesan a lectores y lectoras
En esta entrada hemos sentado las bases de la lucha de clases desde el marxismo hegeliano, pero el camino es amplio. En futuras publicaciones profundizaremos, sobre todo si a los lectores y lectoras les interesa, en conceptos clave como el movimiento popular, el horizonte comunista y la relación entre el análisis de clase y el análisis de estratificación, cómo pueden combinarse ambos. No podemos olvidar la dimensión geopolítica de la lucha de clases. Hay muchos analistas que tratan de geopolítica, pero siempre tomando como protagonistas a los estados, o bloques de estados. Un analista que toma en cuenta las clases sociales, que llama al bloque burgués - burocrático que dirige occidente "élite corporativa", es Adrian Zelaia, de Ekai Center, del que ya hemos hablado en otra entrada anterior:
Así mismo, si interesa a lectores y lectoras, podemos hablar sobre la relación entre marxismo y feminismo; ¿clase social mujer?. He intentado en varias ocasiones relacionar marxismo con feminismo, pero mis resultados son, de momento, desordenados, parciales y hasta confusos.
https://parafernaliasmatematicas.blogspot.com/2023/06/dimensiones-precapitalistas-del-valor-y.html
No sé si en esta etapa y con este blog conseguiré ordenar mis ideas y producir algún pensamiento coherente.
Si hay algún concepto que no haya quedado claro, o en el que deseen profundizar, o si hay otros temas que le gustaría que tratemos en próximas entradas, se lo ruego: déjelo en los comentarios. Este blog se construye con su participación.
¿Y tú, qué harías con tu vida si solo tuvieras que trabajar 10 horas a la semana? Hablemos de esa libertad posible en los comentarios.
Bibliografía y recursos para profundizar
Para introducirse en el marxismo hegeliano (Libros):
- Marxismo Aquí y Ahora (Editorial Larga Marcha). Busque el enlace de descarga del libro en PDF gratuito. Marxismo Aquí y Ahora (Editorial Larga Marcha)
- Proposición de un Marxismo Hegeliano. Proposición de un Marxismo Hegeliano
- Para una crítica del poder burocrático. Para una crítica del poder burocrático
Para quienes prefieren ver y escuchar vídeos:
- Presentación de "Marxismo aquí ahora" (11 de abril de 2026)
- Presentación de "Marxismo aquí ahora" (22 de abril de 2026)
- Presentación de Marxismo Aquí, Ahora; Café Literario Lulú Jazz de Valparaíso (22 de mayo de 2026)
- Presentación de Marxismo Aquí Ahora Casa Memoria de Valparaíso (22 de mayo de 2026)
- Presentación de Marxismo Aquí Ahora Emisión en directo (6 de junio de 2026)
Recursos adicionales en la web:
- Entrada en mi otro blog: "Una vez más, marxismo hegeliano". Aquí intento explicar qué es el marxismo hegeliano elaborado por el profesor Carlos Pérez Soto, e incluyo enlaces a más vídeos, libros y entradas relacionadas para quien quiera ampliar información.
- https://parafernaliasmatematicas.blogspot.com/2025/02/para-introducirse-en-el-marxismo.html


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