lunes, 5 de octubre de 2026

La revuelta contra la carestía de la vivienda. ¿Por qué es imposible pagar el alquiler? La trampa de la vivienda y la propuesta del marxismo hegeliano

¿Por qué es imposible pagar el alquiler? La trampa de la vivienda en el capitalismo posfordista y la propuesta del marxismo hegeliano

Llega el primer día del mes y la escena se repite en millones de hogares: abres la aplicación de tu banco y ves cómo el 40% o más de la mitad de tu sueldo desaparece en un solo segundo para pagar el alquiler o la cuota de la hipoteca.

Automáticamente surge una pregunta rabiosa pero llena de sentido común: si hoy en día tenemos más tecnología, máquinas y robots que nunca en la historia, ¿por qué tener un techo bajo el que vivir se ha convertido en un lujo inalcanzable?

En esta entrada de nuestro blog Reforma y Revolución vamos a analizar la crisis de la vivienda en la España actual. Para ello, tomaremos como punto de partida la dura radiografía que hace el vídeo "No tendrás casa y serás feliz", desmontaremos las trampas de los políticos que prometen arreglarlo todo con "decretos", criticaremos los errores de la vieja izquierda dogmática y, sobre todo, explicaremos cómo el marxismo hegeliano y el pensamiento del filósofo Carlos Pérez Soto (Marxismo: Aquí, Ahora) nos ofrecen una salida real para recuperar nuestras vidas.


ÍNDICE DE LECTURA


1. La realidad de la vivienda hoy: De hogar a ficha de casino financiero

Para entender por qué los alquileres no paran de subir, debemos comprender que las reglas del juego económico cambiaron radicalmente a finales del siglo XX. Hemos pasado de un capitalismo industrial (fordista) a lo que los economistas llaman capitalismo posfordista y financiarizado.

¿Qué significa esto en lenguaje sencillo?

  • En el capitalismo industrial antiguo (Fordismo): Las fábricas necesitaban cientos o miles de obreros trabajando codo con codo durante décadas. A los dueños de las fábricas les interesaba que los trabajadores tuvieran una vivienda estable y barata cerca del centro de trabajo para que pudieran descansar y volver en buenas condiciones a la fábrica al día siguiente, e incluso formar una familia, para asegurarse la próxima generación de trabajadores.
  • En el capitalismo actual (Posfordismo): Las grandes fábricas masivas han sido sustituidas por empleos de servicios, contrataciones temporales, aplicaciones móviles y oficinas. Ahora la mano de obra local es fácilmente reemplazable. Al capital ya no le importa que tengas un hogar estable; al contrario, le resulta muy conveniente tener a una "población flotante", inestable, sin raíces y sumida en la incertidumbre del alquiler por habitaciones.

Además, las casas han dejado de construirse para ser habitadas. Hoy en día, grandes fondos de inversión internacionales (como Blackstone o Cerberus), bancos y multinacionales compran bloques enteros de pisos no para vivir en ellos, sino para usarlos como fichas de especulación en un casino financiero global. La vivienda ha dejado de ser un bien humano básico para convertirse en un activo financiero diseñado para exprimir tu sueldo mes a mes.

2. ¿Por qué las leyes del gobierno socialdemócrata nunca funcionan? La trampa de los "decretos"

Ante la desesperación popular, los gobiernos de turno (como el PSOE en España) suelen lanzar titulares rimbombantes prometiendo "controles de precios", "bonos de ayuda al alquiler" o "decretos-ley de vivienda". Sin embargo, año tras año, el precio de los pisos sigue subiendo. ¿Por qué?

La respuesta es tajante: porque no se puede regular por decreto la lógica interna del mercado capitalista sin tocar la propiedad de los grandes especuladores.

Si el gobierno aprueba una ley que limita el precio del alquiler pero deja intacto el poder de los grandes fondos inmobiliarios, ocurre lo que ha pasado en Barcelona o Madrid: los grandes propietarios retiran sus pisos del mercado tradicional, los convierten en alquileres turísticos de temporada o los dejan vacíos para subir aún más los precios por detrás.

Como bien nos recuerda la economía política marxista, la ley del beneficio capitalista manda. Intentar solucionar la vivienda con parches administrativos dentro del Estado burgués solo sirve para que los gobiernos vendan un "relato" en televisión, parezcan muy preocupados en época de elecciones y mantengan a la gente tranquila esperando una solución mágica desde arriba que jamás llegará. Sin expropiar o intervenir el mercado de manera drástica, limitando el poder de los grandes tenedores de vivienda, no hay solución.

3. Crítica a la vieja izquierda: Cuando el marxismo dogmático se queda en el siglo XIX

El vídeo "No tendrás casa y serás feliz" acierta de lleno al denunciar las trampas del gobierno y la especulación. Sin embargo, propone como alternativa un discurso marxista-leninista tradicional que comete tres graves errores que desde el marxismo hegeliano debemos señalar:

Error 1: El mito del "partido de vanguardia" y los jefes (¡Nunca más vanguardias!)

La vieja izquierda suele creer que la gente común está "engañada" o "alienada" y que necesita una cúpula de "expertos en revolución" (un partido de vanguardia o un comité central) que los guíe e instruya. Carlos Pérez Soto nos advierte de que esa lógica pedagógica e ilustrada es negativa a la larga: las vanguardias siempre terminan convirtiéndose en una nueva casta de dirigentes que mandan sobre la base. La verdadera emancipación no requiere jefes ni líderes supremos, sino la autoorganización de la propia gente común.

Error 2: El sectarismo contra la gente que lucha

El vídeo descalifica a los sindicatos de inquilinos y a las acampadas llamándolos a todos "disidencia controlada" o "pijos". Esto es un error sectario enorme. Una cosa es criticar con razón a las cúpulas de las ONG o a los partidos, que buscan subvenciones o mejorar sus encuestas de voto, y otra muy distinta es despreciar a miles de vecinos y jóvenes reales que salen a la calle a defender su derecho a un techo. La tarea de un revolucionario no es insultar a los que protestan desde una torre de marfil, sino unirse a ellos como compañeros y pares para impulsar la lucha horizontal desde abajo.

Error 3: Ignorar que la Burocracia es una nueva clase dominante

El marxismo ortodoxo cree que en el mundo solo existen dos clases: la burguesía (los dueños de las fábricas) y el proletariado (los obreros). Pero en el siglo XXI esto ya no es así. Carlos Pérez Soto demuestra que hoy existe una nueva clase explotadora: la clase burocrática (tecnócratas, gerentes, expertos, altos funcionarios y administradores estatales). Esta clase no necesita ser dueña de acciones en la bolsa; explota a la sociedad porque controla la División Social del Trabajo a través del monopolio de las "experticias". Creer que la solución es "estatalizar las viviendas" para que las gestione el Estado es una trampa: solo cambiaríamos al casero privado por un burócrata estatal, que puede reprivatizar, como ya ocurrió. Hay que hacer algo más.

4. La solución desde el marxismo hegeliano: organizarnos en red, crear un movimiento popular contra el sistema capitalista

Frente a las promesas vacías del gobierno y frente al autoritarismo de las viejas vanguardias, el marxismo hegeliano y el pensamiento de Carlos Pérez Soto nos proponen una salida política radicalmente distinta: la construcción de un movimiento popular organizado en red.

¿Qué entiende el profesor Carlos por un "movimiento popular organizado en red"?

Para comprender esta propuesta, debemos romper con dos grandes prejuicios de la política tradicional:

  1. El movimiento popular es mucho más amplio que un solo partido o clase: No está formado únicamente por una élite de obreros o por teóricos de oficina. El movimiento popular es el conjunto vivo y diverso de todas las personas que sufren la opresión y la precarización del sistema: trabajadores, jóvenes, vecinos con dificultades de acceso a la vivienda, jubilados y colectivos sociales.
  2. Organizarse "en red" significa luchar sin jefes ni cúpulas: El capitalismo de hoy funciona como una gran red flexible y distribuida. Por eso, Pérez Soto nos enseña que a un poder organizado en red solo se le puede combatir en red.
    • Sin "vanguardias" ni "línea correcta": Se acaba la idea de que un "partido único" o un grupo de "iluminados" debe decirle a la gente lo que tiene que hacer.
    • Sin jerarquías entre luchas: Ya no hay luchas "más importantes" que otras. La pelea por el alquiler, la huelga laboral, la defensa de la sanidad pública o la lucha ecologista tienen exactamente el mismo valor.
    • Un "espíritu común" entre compañeros: La red no funciona mediante órdenes impuestas desde arriba, sino a través de una red de pares (compañeros) que colaboran horizontalmente, apoyándose mutuamente bajo un horizonte común: poner fin a la explotación capitalista y burocrática.

Un movimiento que hoy existe "en embrión"

El profesor Carlos Pérez Soto es sumamente realista: este gran movimiento popular organizado en red no va a caer del cielo ya terminado, ni se crea mediante un manifiesto redactado por intelectuales. Hoy en día, este movimiento existe únicamente en embrión.

¿Dónde está ese embrión?

  • Está en las personas comunes que salen a protestar a las calles cansadas de que les roben la vida.
  • Está en las plataformas de vecinos y colectivos de base que llevan años poniéndose cuerpo a cuerpo frente a las puertas de las casas para parar desahucios, acompañando a las familias vulnerables y tejiendo solidaridad en los barrios cuando las instituciones les dan la espalda.

Ellos y ellas, en su práctica cotidiana de resistencia y dignidad, son la semilla real del cambio social.

Las soluciones deben nacer desde abajo, no de los despachos

Aquí reside el núcleo más profundo de la idea revolucionaria del marxismo hegeliano: las propuestas concretas para mejorar sustancialmente la situación de la vivienda deben salir de esos propios colectivos y de la gente que lucha en la calle.

Los políticos profesionales y los "expertos" de los ministerios creen que la gente común es ignorante y que necesita que les diseñen las soluciones desde un despacho en Madrid. El marxismo hegeliano sostiene todo lo contrario: la realidad no se equivoca; los expertos sí.

Son las familias que sufren la subida del alquiler, los jóvenes que no pueden independizarse y los activistas que paran desahucios cada semana quienes poseen la sabiduría práctica y realista sobre lo que verdaderamente hace falta. Es desde sus asambleas de barrio, desde la discusión entre iguales o desde la huelga de alquileres organizada desde abajo desde donde deben emerger las exigencias y el programa para garantizar la vivienda como un bien común de la sociedad.

Conclusión: De la calle a la conquista de nuestro futuro

La crisis de la vivienda no la va a resolver ningún ministro con un decreto-ley ni ningún líder mesiánico al frente de un partido. La vivienda solo se garantizará cuando la fuerza colectiva de la gente común se organice de forma horizontal, plural y sin jefes.

No hay que perder de vista que esta lucha está conectada a otras, como la lucha contra la precarización de los trabajos o la privatización de servicios públicos.

El embrión ya está ahí, resistencia a resistencia, desahucio a desahucio. Nuestra tarea como militantes y ciudadanos no es dirigir a nadie, sino sumar nuestras manos, nuestro apoyo y nuestra voz a esa red de compañeros para convertir esa indignación en un movimiento popular e imparable capaz de transformar la realidad desde sus cimientos.


💬 ¿Qué opinas? ¿Participas en alguna red o colectivo de barrio en defensa de la vivienda? ¡Déjanos tu experiencia en los comentarios y sigamos construyendo este debate desde la base!

ASUNTOS RELACIONADOS: 

Un detalle interesante sobre la crisis de la vivienda extraido del radiojaputa número 285 

https://reformistasyrevolucionarios.blogspot.com/2026/10/reivindicaciones-sindicato-inquilinas-decreto-mari-carmen.html

Revuelta contra la élite financiera que nos gobierna y los partidos cooptados por ella

Viva Europa Libre 

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